Asegúrense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos;
Hebreos 12:15
Mientras empecé a reflexionar sobre este tema, pensaba que podría ocasionar que mi corazón tuviera raíces de amargura, que me cause dificultades, que pudiera afectar mi relación primeramente con Dios y con las personas a mi alrededor. Yo pensaba que no había nada guardado, nada secreto ni oculto, nada pendiente. Que equivocada estaba, La Palabra de Dios es tan real, como dice penetra hasta los huesos, detecta la enfermedad y raspa la herida hasta quitar la infección, duele mucho. Pero luego el derrama ungüento de amor y poco a poco nos cura.
Sabemos que la raíz va por debajo de la tierra, no se ve, las raíces están ocultas, lo mismo va pasando con estas en nuestras vidas, tan ocultas pero forman parte de nosotros. Va creciendo hasta tomar fuerza.
Algo que nos ocasiona amargura, nos daña la vida y nos enferma es la falta de perdón, pensamos que porque no se tocó más, tal o cual tema todo está bien, nos hacemos los ciegos ante situaciones que nos han dañado, ocultamos las cosas hasta tal punto que ni las recordamos, pero ahí está dentro de nosotros en algún lugar, haciéndonos daño.
¿Cómo arrancamos está raíz? La única forma es perdonando y para hacerlo debemos enfrentar la situación, pidiéndole perdón a Dios por haber guardado resentimiento, a lo mejor odio, cólera, ira, tristeza, dolor a lo mejor no a quien te lastimó pero si a la vida.
Perdona y libérate.
Perdona y libérate.
¿Fácil? Claro que no, pero con la ayuda del Santo Espíritu de Dios si se puede.
Ve y busca a quien te dañó o a quien tu dañaste y sólo pide perdón o perdona, el Todo Poderoso va contigo. Jesucristo siendo quien era, nos perdonó a nosotros sin merecerlo ¿Quiénes somo nosotros para no hacerlo?
El amar como el perdonar es un mandato bíblico. ¿Qué harás con esta verdad?
Comentarios
Publicar un comentario