Por tanto, no tienes excusa tú, quienquiera que seas, cuando juzgas a los demás, pues al juzgar a otros te condenas a ti mismo, ya que practicas las mismas cosas. Ahora bien, sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas se basa en la verdad. ¿Piensas entonces que vas a escapar del juicio de Dios, tú que juzgas a otros y sin embargo haces lo mismo que ellos? ¿No ves que desprecias las riquezas de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, al no reconocer que su bondad quiere llevarte al arrepentimiento?
Romanos 2: 1 - 4
A veces sin darnos cuenta caemos en el juego de esta palabra; o juzgamos, o somos juzgados. Sin embargo, Jesús siempre habló en amor la verdad, tuvo misericordia, no maltrató, no ofendió, no criticó, no forzó a nadie a nada. Él dijo: Al que oye mis Palabras y no las guarda yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Siendo que Dios le dio la autoridad para hacerlo.
Sin embargo, algunas veces nos creemos jueces, juzgamos y hasta sentenciamos ... Dice la Palabra: No hay mas que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. ¿Tu, en cambio quién eres para juzgar a tu prójimo?
Estoy segura que el juzgar es una roca que hay que sacar de nuestros corazones, no es fácil, ya que es muy pesada, y está incrustada, pero vale la pena retirarla de nuestras vidas. sigamos cavando, lo importante es reconocerla y pedir ayuda al Espíritu Santo, recuerda que Él es nuestro Ayudador.
Tengamos entonces cuidado de no juzgar a nadie, cuando estemos tentados de hacerlo mejor cerremos nuestra boca y empecemos a orar para que sea Dios quien se glorifique; así disfrutaremos de la bondad de Dios, la cual quiere traernos al arrepentimiento.
Romanos 2: 1 - 4
A veces sin darnos cuenta caemos en el juego de esta palabra; o juzgamos, o somos juzgados. Sin embargo, Jesús siempre habló en amor la verdad, tuvo misericordia, no maltrató, no ofendió, no criticó, no forzó a nadie a nada. Él dijo: Al que oye mis Palabras y no las guarda yo no lo juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Siendo que Dios le dio la autoridad para hacerlo.
Sin embargo, algunas veces nos creemos jueces, juzgamos y hasta sentenciamos ... Dice la Palabra: No hay mas que un solo legislador y juez, aquel que puede salvar y destruir. ¿Tu, en cambio quién eres para juzgar a tu prójimo?
Estoy segura que el juzgar es una roca que hay que sacar de nuestros corazones, no es fácil, ya que es muy pesada, y está incrustada, pero vale la pena retirarla de nuestras vidas. sigamos cavando, lo importante es reconocerla y pedir ayuda al Espíritu Santo, recuerda que Él es nuestro Ayudador.
Tengamos entonces cuidado de no juzgar a nadie, cuando estemos tentados de hacerlo mejor cerremos nuestra boca y empecemos a orar para que sea Dios quien se glorifique; así disfrutaremos de la bondad de Dios, la cual quiere traernos al arrepentimiento.
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