Vi además que tanto el afán como el éxito en la vida despiertan envidias. Y también esto es absurdo; ¡es correr tras el viento!
Eclesiastés 4:4
La envidia es un sentimiento terrenal, puramente humano. Es absurda, y nos aparta de Dios.
A veces envidiamos sin darnos cuenta de que lo que la otra persona tiene fue a base de esfuerzo y sacrificio o simplemente porque a Dios le plació prosperarla.
¿Has escuchado decir: La envidia te corroe?, pues no es una frase de este mundo, El libro de los Proverbios nos la enseña: El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.
Según La Palabra de Dios, la persona envidiosa también merece ser castigada, nos hace detestables a los ojos de Nuestro Creador, ya que miramos lo que los otros tienen para tenerlo nosotros también, cuando no lo conseguimos, entonces peleamos, nos enojamos, nos deprimimos hasta enfermarnos.
No tenemos porque no pedimos y cuando pedimos no recibimos porque pedimos con malas intenciones, muchas veces para satisfacer nuestros propios deseos.
Arranquemos esta plaga de nuestro Huerto, de nuestro Jardín, antídoto tenemos:
No te irrites ante el éxito de otros, disfrútalo tu también.
No envidies nada, goza, se feliz por tu prójimo.
Espera en el Señor.
Haz el bien.
Deléitate en el Señor y Él te concederá los deseos de tu corazón.
Recuerda: El amor no es envidioso.
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