Esto es lo que ordena Ciro, Rey de Persia: El Señor Dios del Cielo, que me ha dado todos los reinos de la tierra, me ha encargado que le construya un templo en la ciudad de Jerusalén, que está en Judá. Por tanto, cualquiera que pertenezca a Judá, vaya a Jerusalén a construir el templo del Señor, Dios de Israel, el Dios que habita en Jerusalén y que Dios lo acompañe.
Esdras 1: 2 - 3
Estaba leyendo el libro de Esdras (está en la Biblia), El pueblo judío había pecado de tal manera que Dios los dejó caer en manos de los babilonios, éstos fueron desterrados y esclavizados; más la Gracia de Dios nuevamente se hizo manifiesta.
Tras grandes sucesos históricos, Dios dispuso el corazón del rey para construir el Templo Santo, el cual había sido saqueado, incendiado y sus murallas derribadas; la orden fue de que todo aquel que perteneciera al pueblo judío regresara a Jerusalén para trabajar en la reconstrucción.
Que cosa tan grande, ¿Puedes imaginarlo? como que estas amarrado a algo y de pronto alguien corta esa atadura y te dice: Ve. Eso sólo lo puede hacer Dios, quien lo hizo una y otra vez en el transcurso de la historia y lo sigue haciendo aún.
El pecado nos esclaviza, nos ata y nos destruye, más la gracia de Dios que es sólo en Cristo Jesús se hace manifiesta, nos permite levantar de nuestras propias ruinas y nos hace libres.
Pero recuerda, sólo podemos alcanzar esta libertad en el nombre que es sobre todo nombre, en el nombre de Jesús, el Hijo Amado de Dios.
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