El Señor le dijo a Abram; deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu Padre, y vete a la tierra que te mostraré.
Génesis 12: 1
Génesis 12: 1
Abram se llevó a su esposa Saray, a su sobrino Lot, a toda la gente que había adquirido en Jarán y todos los bienes que habían acumulado.
¿Puedes imaginarte preparando tu casa, comprando tus cosas, pensando en cada detalle para ponerla linda y tu esposo te diga: nos mudamos sin destino fijo? Dios no le dijo a Abram ve a tal lugar, le dijo ve a la tierra que te mostraré. Luego cuando ya te estás adaptando, haciendo nuevos amigos te vuelva a decir nos mudamos?
¿Qué pasaría por tu cabeza?
¿Qué pasaría por tu cabeza?
¿Qué pasaría por el corazón de Sara cuando se entera que su sobrino se iba a vivir lejos de ella?
¿Qué pasaría por el corazón de Sara cuando se entera del peligro que Lot corría durante una guerra que se inició en el país donde vivía su sobrino?
¿Y cuándo abram fue a rescatar a su sobrino?
¿Y la promesa de su descendencia?
¿Qué puedo aprender de Sara?
¿Pero en dónde se encontraría la fortaleza de Sara? Su fortaleza se encontraba en el corazón. La palabra de Dios nos pone como ejemplo a Sara cuando nos habla de la belleza de la mujer. Nos dice que la belleza no es la externa, sino la que procede de lo íntimo de un corazón suave y apacible, este si que es precioso a los ojos de Dios. Aquí es en donde Sara encontró su fortaleza, aquí es donde nosotras podemos encontrar nuestra fortaleza, en el corazón.
¿Cómo está tu corazón? ¿de qué está lleno? Recuerda que de la abundancia del corazón habla la boca. Mateo 12: 34
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