Así que por sus frutos los conocerán.
Mateo 7: 20
A esta señora la conocimos un día en que habíamos salido a evangelizar, muy sencilla y espontánea, decía lo que pensaba sin pelos en la lengua, lo hacía de tal manera que resultaba gracioso.
En la comunidad donde ella vivía teníamos servicio una vez a la semana. Una tarde, el pastor desde el púlpito hizo una pregunta, más que para ser respondida fue hecha para llamar a reflexión: ¿Les importa lo que los demás piensen de ustedes?, a lo que ella responde en voz alta: "a mi me vale", queriendo decir que no le importaba para nada, no pudimos todos más que echarnos a reir.
Pero ¿cómo podría no importar lo que la gente piense? Recordemos que Dios nos llamó para ser transformados según la imagen de Cristo. Sería como una evaluación de si estamos viviendo como ermitaños o de si verdaderamente estamos reflejando a Jesucristo en nuestras vidas.
En cierto modo como cristianos, como hijos de Dios, no nos debe valer; si es muy importante lo que los demás piensen de nosotros, ya que como ellos nos definan es lo que estamos demostrando ser. Lo que hacemos, lo que decimos, nuestras actitudes, nuestras expresiones son parte del fruto que Dios espera de nosotros.
Comentarios
Publicar un comentario