Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.
2 Corintios 12: 9
Aprendí un juego navideño muy divertido; es un intercambio de regalos, con la particularidad de que no lo compras sino que llevas algo nuevo, que tienes refundido, que nunca has usado porque no te sirve y más bien te es molesto, es muy gracioso porque se ponen todos los regalos juntos, va el primer participante coge un paquete, lo abre, todos ven que es, luego va el segundo, coge el suyo lo abre y si le gusta más el que abrió el otro se lo puede cambiar, y así sucesivamente. Lo que llama mi atención del juego es que como algo que es inservible para tí puede ser muy útil para otro.
Pues bien, pensando en los regalos de navidad, para fulano, zutano, mengano ... me vino la siguiente pregunta: ¿Que le podría regalar yo a Jesucristo? Si Él es el dueño de todo y menos aún necesita nada de mí.
Sabemos que Dios espera de nosotros una vida de obediencia, más uno de nuestros enemigos, como le llama la Palabra; nuestra carne con toda su debilidad no nos deja hacer la voluntad de Dios, es como un aguijón clavado en nuestras vidas, por eso yo decidí regalarle mis debilidades.
Me dirás: ¿que buen regalo puede ser ese para Jesús?, pero como en el juego, esto me es molesto, no me es útil, me hace inservible; en cambio si se lo doy a Dios, Él lo intercambia por su Gracia y mis debilidades van a ser transformadas para su Gloria.
¿Y tú, quieres participar?
2 Corintios 12: 9
Aprendí un juego navideño muy divertido; es un intercambio de regalos, con la particularidad de que no lo compras sino que llevas algo nuevo, que tienes refundido, que nunca has usado porque no te sirve y más bien te es molesto, es muy gracioso porque se ponen todos los regalos juntos, va el primer participante coge un paquete, lo abre, todos ven que es, luego va el segundo, coge el suyo lo abre y si le gusta más el que abrió el otro se lo puede cambiar, y así sucesivamente. Lo que llama mi atención del juego es que como algo que es inservible para tí puede ser muy útil para otro.
Pues bien, pensando en los regalos de navidad, para fulano, zutano, mengano ... me vino la siguiente pregunta: ¿Que le podría regalar yo a Jesucristo? Si Él es el dueño de todo y menos aún necesita nada de mí.
Sabemos que Dios espera de nosotros una vida de obediencia, más uno de nuestros enemigos, como le llama la Palabra; nuestra carne con toda su debilidad no nos deja hacer la voluntad de Dios, es como un aguijón clavado en nuestras vidas, por eso yo decidí regalarle mis debilidades.
Me dirás: ¿que buen regalo puede ser ese para Jesús?, pero como en el juego, esto me es molesto, no me es útil, me hace inservible; en cambio si se lo doy a Dios, Él lo intercambia por su Gracia y mis debilidades van a ser transformadas para su Gloria.
¿Y tú, quieres participar?
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