Ya no queda tiempo ... Ester era judía, esposa del rey de Persia, si se presenta ante el rey, sin que haya sido llamada por él, podría morir, aún así a pesar de poner su vida en juego "va" delante de él. ¿Sabes qué la llevó a la reina Ester a exponer su vida de esta manera?
Entre muchos otros sucesos de esta historia de la vida real, el rey promulga un decreto: el pueblo judío sería exterminado. El final de la historia es que el rey escucha la suplica de Ester, ella se presenta confiada, porque ha llamado a su pueblo a ayuno, para entregar esta situación a Dios. Ella obtuvo gracia ante los ojos del rey y él dice: Escriban ustedes a los judíos como les parezca en mi nombre y séllenlo con mi anillo; porque el edicto anterior no puede ser revocado.
Todo esto pasa en una época en la cual no existían las telecomunicaciones, en un país inmenso, con ciento veintisiete provincias, donde el medio de transporte era a caballo. ¿Puedes imaginarte como trabajaba esa gente para llevar las buenas nuevas a cada pueblo? Estarían desesperados por llevar esta gran noticia por todos lados, sabiendo que el tiempo final estaba en puertas.
Dice La Palabra que todos estamos destituídos de la Gloria de Dios, este edicto no puede ser revocado, pero hemos hallado gracia ante los ojos de Dios por medio de su Hijo Jesús, y este es el edicto:
Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10: 9 - 10
Ahora bien, si traemos esta novela a nuestros tiempos, pregunto: ¿Hasta que punto estaríamos dispuestos a exponer nuestras vidas por los que no saben esta gran noticia?
¿No tendríamos que estar orando y ayunando por la humanidad?
¿No tendríamos que estar desesperados caminando por todos lados o al menos usando la internet para que esta gran noticia sea difundida, más aún cuando sabemos que los tiempos finales están cerca?
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