Pero el que beba del agua que yo le daré, no volverá a tener sed jamás, sino que dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna.
Juan 4: 14
Cuando estaba pequeña vivíamos en Barranco, Un barrio que a mi parecer estaba plantado en una quebrada, debajo de este, queda la playa, para llegar a ella teníamos que bajar millón escaleras, hermosos tiempos, lleno de gente alegre que subía y bajaban por las escaleras de la quebrada. Después de unas cinco horas de arena caliente y de haber tragado litros de agua salada había que regresar por la misma ruta, pero esta vez millón escaleras hacia arriba, mis hermanos y yo como volviendo de una batalla; sin fuerzas, cansados, agotados y completamente deshidratados ... Cuando llegábamos a casa, ahí estaba, una deliciosa limonada fresca, tan fresca que la jarra se podía ver como si estuviera mojada, con esos hermosos hielos, recuerdo desear tomar un vaso de ella con desespero, pero después de tomarla yo seguía con sed; lo único que me satisfacía era cuando abría la llave del agua, y me prendía de ella como si esta se fuera a acabar. Esto si era calmar la sed.
El ser humano, fue creado para tener una relación personal e íntima con Dios pero por causa del pecado no podemos gozar de ella ... Andamos por la vida bajando y subiendo escaleras hasta agotarnos, porque buscamos con desespero calmar la sed que tenemos por Dios en cualquier cosa que se vea apetecible a nuestros ojos.
Si supiéramos ... dice La Palabra; lo que Dios puede dar y conociéramos a Jesús no tendríamos sed jamás.
Entonces ¿Porqué nos afanamos? ¿Porqué nos desesperamos? ¿Porqué andamos buscando?
Cristo está a la puerta de tu corazón, llamándote, ¿Tienes sed? ... Él dice que el que beba del agua que Él da, no tendrá sed jamás. ¿Quiéres calmar tu sed? ... ven a los pies de Cristo, a tomar ese Refresco Divino que Dios tiene para ti.
Que bonita analogía Anita, hermanita querida.
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