Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Juan 3: 16
Meditando en el sacrificio que Jesucristo hizo en la Cruz del Calvario empecé a orar y a darle gracias a Dios ... Pensando en algunos versículos bíblicos, daba gracias a Dios porque me decía a mi misma ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo, para que Él se hiciera hombre y diera su vida por mí?
Antes pensaba que Jesús lo había hecho por toda la humanidad, lo cual me era muy favorable: el peso de la Cruz recayendo en todos, así se hace más ligero, así no tengo tanta responsabilidad.
Pensando en la Cruz, sólo como un tronco o madero, pesaría dicen algunas personas setenta kilos, pongamos cien, dividido entre toda la humanidad, no hay problema, no pesa.
Ahora sé que en esa Cruz Jesucristo cargó la condena por nuestro PeCaDo, si, el tuyo y el mio, no queramos dividir la responsabilidad o pensar que fue culpa de aquellos que lo acusaron y luego lo crucificaron. Fue el Plan Perfecto de Dios por Amor a ti y a mi.
Entonces ... ¿Gracias, cómo si nos hubieran dado un caramelo? No, gracias no es suficiente; lo único que podría ser suficiente y aún sin valor es entregarle nuestras vidas para que Dios haga de nosotros esas personas que Él quiere que seamos.
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