Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.
Lucas 15: 20
Sobre las veredas de la calle, noté que habían unos
animalitos muertos, realmente no me llamaba la atención hasta que una mañana, cuando el sol ya salía pude
ver la lo que pasaba. Estos animalitos son unas lombrices que viven bajo la
tierra, se ven pequeños pero de acuerdo al tamaño cuando se estiran los he
visto de hasta diez centímetros de largo, son delgadas y viscosas. Me da mucho
pesar aunque no son bonitas; en los días húmedos y cuando el sol recién esta
saliendo, ellas se dejan encandilar por el ambiente que les gusta y sólo siguen
el camino por donde sienten placer, sin saber que lo que les espera al salir a
la superficie es la muerte; al llegar a la vereda, cuando comienza a caerles el
sol dejan de moverse, se secan y mueren.
Me di cuenta que así como aquellas lombrices nosotros también
nos dejamos encandilar por las cosas que el mundo nos ofrece, vamos tras éllas,
sin pensar, sin meditar, sólo vamos tras el placer sin saber que muchas veces
pudiéramos estar avanzando hacia la muerte. En algunas ocasiones les he podido dar sombra para que regresen bajo el cesped que es por donde las veo salir. Cuando trato de darles sombra me imagino a Dios mirándonos y
preguntándose: ¿para dónde vas hijo mio?
Muchos preguntan si Dios sabe que esto va a pasar ¿por qué lo
permite? yo te diría aquí es donde entra lo que se conoce como el libre
albedrío: TÚ DECIDES, Tú al contrario de
esa insignificante lombriz, tienes la capacidad de tomar tu propia decisión,
porque así es como Dios nos creó.
¿Has seguido algo que te ha encandilado y te ha llevado al
pecado? La Palabra nos enseña que el
pecado nos priva de la gloria de Dios,
pero por su gracia somos justificados gratuitamente mediante la redención que
Cristo Jesús efectuó. Romanos 3: 23 - 24.
¿Recuerdas la historia del hijo pródigo?
Regresa a tu Padre, tu conoces el Camino.
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