A Él le toca crecer y a mi menguar.
Juan 3: 30
Esta palabra llama mucho mi atención ... la usamos sin ninguna humildad, sólo pensando que nos corresponde por derecho propio, como si fuéramos dignos de todo: Merezco.
Yo me esforcé ... Yo lo conseguí ... Yo me sacrifiqué ... por eso Yo lo merezco!! Sí, sé que estoy escribiendo en mayúsculas, porque es así como lo hacemos resaltar.
¿Qué nos hace pensar que el esforzarnos o sacrificarnos para conseguir algo merece recompensa?
¿La recompensa no sería lo alcanzado?
Algunas veces también la usamos con falsa humildad, al indicar que alguien merece algo pero en nuestro interior no estamos de acuerdo.
Llama más mi atención cuando me doy cuenta de la soberbia que encierra el pensar que merecemos algo. Hace poco aprendí que la soberbia a veces se disfraza de humildad.
Cuando digo "Yo" le estoy dando toda la gloria a mi ego ... Que insensata! ¿acaso no entendí que mi ego debe menguar para que Cristo viva en mí?
Entonces llego a la siguiente conclusión; cuando digo: "Yo lo merezco" es porque mi ego aún está sentado en el trono de mi corazón y no Cristo.
¿Esto le podrá agradar a Dios? ¿Que yo me lleve la gloria y crea que soy merecedora de algo, cuándo fue su Hijo Amado quien intercambió su vida por la mía, para morir en mi lugar? El único merecedor de todo es Jesucristo, no yo.
¿Esto le podrá agradar a Dios? ¿Que yo me lleve la gloria y crea que soy merecedora de algo, cuándo fue su Hijo Amado quien intercambió su vida por la mía, para morir en mi lugar? El único merecedor de todo es Jesucristo, no yo.
Comentarios
Publicar un comentario