Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto. Abre bien la boca, y te la llenaré. Pero mi pueblo no me escuchó; Israel no quiso hacerme caso. Por eso los abandoné a su obstinada voluntad, para que actuaran como mejor les pareciera. Salmos 81: 10 - 12
Cuando los hijos están pequeños y no hacen caso a alguna orden que como padres les hemos dado, tenemos la oportunidad de corregirlos. ¿Pero qué pasa cuando los hijos ya adultos hacen lo contrario a lo enseñado?, ¿no estamos como padres esperando que nos pidan ayuda para disponernos a hacer lo que nos piden?; ¿Cómo se siente un padre cuando sus hijos ya adultos toman un camino incorrecto?, ¿no duele hasta lo más profundo del ser?, ¿no crees que así se duele tu Padre Creador por tí?
Esto es lo que le pasó al pueblo de Israel, tomaron el camino equivocado, no prestaron atención a las enseñanzas de Dios, actuaron tonta y neciamente, no reconocieron a su Creador, a quien los hizo y los formó, quien los protegió y los cuidó como a la niña de sus ojos. ¿No es ésto también lo que hacemos nosotros, rechazar las enseñanzas que con tanto amor Dios nos dejó en las escrituras?
Por esto el Señor los rechazó, les dio la espalda, los abandonó porque lo provocaron a celo y los dejó para que actuaran como mejor les pareciera como dice el versículo arriba.
La Palabra de Dios es la misma ayer, hoy y siempre. Bíblicamente Egipto tipifica el mundo; Dios, a través de Moises los libertó de la esclavitud, Dios a través de Jesús nos liberta de la esclavitud del pecado. No hagamos oídos sordos de sus enseñanzas, porque no son palabras vanas para nosotros. Él quiere para nosotros bien, quiere darle un propósito a nuestras vidas. Permite que el Señor te guíe en tu crecimiento espiritual.
Pueblo de Israel, ¿acaso no puedo hacer con ustedes lo mismo que hace este alfarero con el barro? —afirma el Señor—. Ustedes, pueblo de Israel, son en mis manos como el barro en las manos del alfarero.
Jeremias 18: 6
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