Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.
Salmo 127: 4
Salmo 127: 4
¿Alguna vez has tratado de lanzar una flecha? mis brazos no tenían fuerzas para sostener el arco y jalar esa cuerda con la flecha.
Este pasaje, me trae a la mente un orgulloso guerrero, construyendo su arma de defensa, esa que le iba a salvar la vida, esa que iba a lanzar con todo su ser cuando tensara el arco, esa madera de la flecha tendría que ser firme y recta. Leía que muchas veces no las conseguían así y ellas tenían que pasar por un proceso lento de calentamiento, esto era fundamental para que el vuelo de la flecha, al ser lanzada, sea preciso.
Mientras nuestros hijos son bebés (aunque lo sabemos, es algo a lo que no le damos atención), en cierta manera, solo vivimos el presente, sin pensar en que ellos crecerán y serán lanzados como flechas a la vida para ser completamente independientes de nosotros los padres, con sus propias decisiones; se nos olvida que éstas van a ser basadas en lo que han aprendido en el hogar cuando niños.
Los adultos somos efecto de la crianza de un padre y de una madre.
Los adultos somos efecto de la crianza de un padre y de una madre.
Así como el guerrero, siempre listo, lleva orgulloso y seguro colgada a su espalda la aljaba con sus flechas dentro de ella, con su arco en mano, para sostener e impulsar la flecha, los padres debemos sostener a los hijos con amor, disciplina y rectitud, listos para lanzar esas "flechas" a la vida; pero antes de que llegue este momento con mucho cuidado y paciencia, prepararlos para que sean personas rectas y firmes, siendo nuestro blanco a los pies de Nuestro Señor Jesús.
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