Ya que has guardado mi mandato de ser constante, yo por mi parte te guardaré de la hora de tentación, que vendrá sobre el mundo entero para poner a prueba a los que viven en la tierra.
Apocalipsis 3: 10
Me llegó una publicidad para que instalara un servicio en casa, con una tentadora promoción, el regalo lo enviarían después de dos meses de activado el servicio. Cuando llamé para averiguar, les dije que había recibido esta carta y ellos me contestaron que no habría ningún problema, hicimos el contrato, pasaron tres meses, y mi regalo no llegaba, volví a llamar para preguntarles que pasaba y me dijeron: Señora mil y un disculpas pero usted no califica para esta promoción.
Caí en la trampa de la tentación sin darme cuenta y perdí. No estoy exagerando, la tentación fue el beneficio que me ofrecían, el cual nunca llegaría y caí porque ahora debo pagar durante un año por este servicio, si lo cancelo tengo una penalidad por romper el contrato.
A veces no nos damos cuenta, caemos en la trampa de manera sutil, por no estar alertas. Si, había descuidado mis tiempos con Dios, mis tiempos de oración y me encontré enredada en las cosas del mundo.
Las tentaciones siempre van a estar presentes, así lo dice en Lucas 4:13, luego de que el diablo tentara a Jesús, quien no pudo ser tentado ya que Él tenía una verdadera relación con Dios, oraba y sabía La Palabra; con estas armas pudo vencer.
Todos nosotros de una u otra manera estamos expuestos a las pruebas y a las tentaciones, debemos orar pidiendo a Dios que nos ayude y enseñe a guardar sus mandamientos, debemos orar por dominio propio, para poder resistir a las tentaciones, para que Él al igual que lo hizo con Jesús nos guarde y nos libre de todo mal.
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